El Gobierno declara los sistemas históricos de regadío como Patrimonio Cultural Inmaterial

El Gobierno ha declarado ‘Los sistemas históricos y tradicionales de regadío’ como una Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial tras un proceso en el que también ha participado la Asociación de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de Extremadura, nacida en La Vera.

La Asociación de Comunidades de Regantes Históricas y Tradicionales de Extremadura ha formado parte activa del proceso, defendiendo el valor de estos sistemas y contribuyendo a que su dimensión cultural, social y territorial sea reconocida. Así nos lo han trasladado desde la propia organización.

La asociación fue constituida en octubre de 2023 en La Vera por las comunidades de regantes Ocho Caños, de Aldeanueva de la Vera; San José, de Talaveruela de la Vera; y El Coto, de Losar de la Vera, con un ámbito de actuación regional y abierta a la incorporación de otras comunidades que conserven prácticas e infraestructuras tradicionales.

Entre sus objetivos se encuentran la defensa de los derechos históricos de uso del agua y la protección de los valores agronómicos, históricos, patrimoniales y ambientales de estos sistemas.

Una forma de gestionar el agua transmitida durante generaciones

La declaración aprobada por el Gobierno pone el foco en un patrimonio que va mucho más allá de las acequias, canales o infraestructuras que todavía pueden encontrarse en numerosos territorios. El regadío tradicional engloba también los conocimientos y técnicas necesarios para manejar el agua, las normas que han regulado su utilización y las formas de organización colectiva desarrolladas por las comunidades que lo han gestionado durante generaciones.

El Ministerio de Cultura considera que estos sistemas son el resultado de una construcción colectiva desarrollada a lo largo de los siglos mediante una estrecha interacción entre las comunidades humanas y su entorno. Esa relación ha dado lugar a paisajes culturales en los que se mezclan valores sociales, económicos, ambientales, ecológicos y paisajísticos.

Buena parte de ese conocimiento ha quedado recogido en ordenanzas y libros de aguas, mientras que otra parte se ha transmitido de forma oral. La cultura asociada al regadío también está presente en festividades, rituales, topónimos y formas de vida relacionadas con el agua y la tierra.

La reivindicación de las comunidades extremeñas

La asociación extremeña ya había puesto el foco en la dimensión patrimonial de estos sistemas. En abril de 2024 reclamó a la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura que promoviera ante el Estado la adhesión de España al reconocimiento de la UNESCO sobre el «Riego tradicional: conocimientos, técnica y organización», después de que esta manifestación fuera incorporada a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2023.

Aquella inscripción internacional fue promovida por Austria, Bélgica, Alemania, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza. Para las comunidades extremeñas, las prácticas reconocidas internacionalmente guardan una estrecha relación con los conocimientos y formas de gestión que todavía se mantienen en los regadíos tradicionales de la región.

Ahora, el reconocimiento estatal supone un nuevo paso en esa consideración del regadío tradicional como patrimonio cultural.

Un patrimonio que también afronta amenazas

La declaración llega, además, en un momento en el que muchas de estas comunidades se enfrentan a dificultades para garantizar su continuidad. El envejecimiento de la población, la despoblación rural y la falta de relevo generacional pueden poner en riesgo la transmisión de conocimientos y prácticas que han sobrevivido durante siglos.

El Ministerio subraya precisamente que los sistemas históricos de regadío constituyen un patrimonio social e histórico vivo y que las comunidades que los mantienen han demostrado una importante capacidad de adaptación. Al mismo tiempo, advierte de los cambios sociales, económicos y ambientales que ponen a prueba algunas de sus prácticas y modelos tradicionales de gobernanza.

La nueva declaración pretende salvaguardar ese patrimonio inmaterial, aunque no modifica el régimen jurídico de las infraestructuras materiales vinculadas a los sistemas de riego ni afecta a las competencias existentes en materia de aguas, agricultura, medio ambiente o gestión del territorio.

Para las comunidades de regantes históricas y tradicionales de Extremadura, el reconocimiento supone poner en valor una forma de relación con el agua y con el territorio que sigue formando parte de la identidad de muchos pueblos. Un patrimonio construido colectivamente durante siglos y cuya conservación depende ahora, en buena medida, de que esos conocimientos puedan seguir pasando de una generación a otra.

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