La Boda Tradicional Jaraiceña, celebrada ayer, volvió a llenar de ronda, y cultura popular, las calles de la localidad. Este año, la recreación ha corrido a cargo de la peña Kiowas y el grupo folclórico Velaile.
El carnaval jaraiceño se sustenta en la espectacularidad de los desfiles de comparsas y en la raigambre de la boda tradicional. Los pasacalles, como eventos de gran atracción de visitantes y participantes, y la recreación de boda, como garante de la cultura popular, confieren al carnaval jaraiceño una identidad única. Insistimos en estos méritos para merecer el sello de Fiesta de Interés Turístico Regional.
La Boda Tradicional 2025 se celebró ayer domingo, 2 de marzo, representada por algunos componentes de la peña Kiowas. La comitiva salió desde la calle Eutiquiano Barroso junto con los padrinos. En la calle Rincón recogieron al novio, y en la calle Barranes a la novia. Desde allí tomaron camino de la Plaza Mayor donde el cura procedió a celebrar el enlace.
Ronda y baile
Las bodas veratas son recordadas como los grandes acontecimientos de los pueblos. Los esponsales duraban varios días, antes y después de la ceremonia, preboda y tornabodas. En lo que se refiere al día concreto de la boda, el jolgorio comenzaba cuando los novios salían de la iglesia, tal y como apunta José V. Serradilla en su libro “Las bodas en la Vera. Del galanteo al tálamo“: “Se lanzaban cohetes y se organizaba el cortejo: en primer lugar los recién casados, cogidos del brazo; detrás los padrinos y padres, familiares, amigos y resto de invitados hasta la casa en la que se ofrecía el desayuno, consistente en jamón frito con pan y buñuelos o churros con chocolate y, en ocasiones, también dulces”.
Una vez desayunados, los recién casados y el acoplamiento, hacían la ronda cantando y bailando por las calles y paseando a la novia: “Al rondar, se iba invitando a los conocidos para que fueran al baile, lo que hacían una vez finalizadas las tareas, hombres y mujeres invitados, cerrados los comercios”.
A mediodía se celebraba el banquete de boda. Según Serradilla “el menú consistía en guiso de carne, generalmente caldereta o cu-chifrite, en abundancia, con ensalada; a veces había también pescado frito (los que podían), todo ello regado con vino generalmente de pitarra; y de postre arroz con leche (a veces natillas) y dulces típicos (café y licores si se podía). Después continuaba la ronda y el baile”.
Por la noche se servía la cena, con un menú similar al del mediodía. Y, de nuevo, se salía de ronda. En un momento determinado, los novios se retiraban del baile discretamente, acompañados por los padrinos. Cuando los nuevos esposos entraban en su nuevo hogar conyugal eran objeto de alguna chanza por parte de los amigos.





