Queremos dar la voz de alarma ante la extensión y proliferación, en la comarca de La Vera, de la planta invasora denominada ailanto, o árbol del cielo, una especie tremendamente dañina para el medio natural que está colonizando, poco a poco, nuestro paisaje y supone una grave amenaza para la biodiversidad.
No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que el árbol del ailanto, Ailanthus altissima, es cada vez más numeroso en los campos de La Vera. Quizás ha pasado desapercibido para muchos pero, si no se actúa, esta planta va a provocar un descenso imparable de la diversidad y, quizás, ya está provocando problemas de alergia en la población.
No es un asunto aislado de nuestra zona, la invasión del ailanto es mundial. En 2022, la Comunidad de Madrid prohibió su tenencia y plantación. En Extremadura, la Junta publicó, en abril de 2021, una orden para su control y/o erradicación.
Os dejamos estas imágenes tomadas en escasos 400 metros de paseo por Losar.





Es importante que las autoridades y asociaciones comarcales tomen cartas en este asunto y soliciten al Gobierno regional una actuación urgente para frenar su expansión y comenzar la erradicación.
Su polen, un potente alérgeno
El protocolo publicado por la Consejería para la Transición Ecológica recoge las siguientes amenazas de esta especie invasora procedente de China:
Impactos en el entorno natural:
- Desplazamiento de la vegetación natural. Debido a su rápido crecimiento y a sus efectos alelopáticos, desplaza a la vegetación natural preexistente o dificulta su regeneración.
- Disminución de la biodiversidad, como consecuencia del desplazamiento de la vegetación natural y la alteración de los ecosistemas naturales.
- Alteración del suelo. Modifica claramente la comunidad de bacterias edáficas, disminuye las tasas de mineralización de nutrientes en el suelo y produce hojarasca que se descompone a gran velocidad en el ecosistema fluvial.
- Altera el flujo de nutrientes en el ecosistema natural. En las áreas invadidas se ha observado cómo altera las tasas naturales en el ciclo de los elementos, produciéndose un aumento en el contenido total de nitrógeno del suelo y una disminución de la relación C/N.
- Aumento del pH del suelo. En las áreas invadidas se ha observado cómo aumenta el pH del suelo como consecuencia de los cambios en los ciclos naturales del ecosistema, disminución de la materia orgánica y aportación de hojarasca de la especie alóctonas.
- Puede alterar la disponibilidad de alimento para los herbívoros.
- Afectación en ecosistemas frágiles. Los márgenes de carreteras o márgenes de cultivos suelen ser reservorios naturales de ecosistemas autóctonos o relícticos que ya han sido reducidos o destruidos y permanecen solamente en esas áreas. Su localización en esas mismas áreas provoca el desplazamiento de las especies autóctonas, reduciéndolas o incluso provocando su desaparición.
Impactos sobre humanos y recursos económicos:
- Daños en el alcantarillado y en los cimientos de los edificios por el rápido crecimiento de las raíces y reproducción vegetativa.
- Efectos sobre la industria apícola. Las hojas y flores, sobre todo de los pies masculinos, despiden sustancias odoríficas. Si las abejas visitan las flores de esta especie, comunican a la miel un sabor desagradable.
- Efectos sobre la salud humana, ya que su polen es un potente alérgeno.
- Incremento de gastos. La erradicación es difícil y costosa, principalmente si se pretende usar métodos mecánicos, ya que no son definitivos y requieren mantenimiento a largo plazo (Burch y Zedaker, 2003).
Muy difícil de eliminar
Ailanthus altissima fue introducida en Europa como planta ornamental en torno a 1740. En
España, donde las primeras referencias corresponden al siglo XVIII, ya en el siglo XIX se había establecido en entornos naturales formando bosquetes monoespecíficos.
Actualmente es un árbol muy cultivado en xerojardinería. Está ampliamente naturalizado
en casi todas las zonas no muy frías de la Península, habitando, por lo general, en cunetas,
taludes, áreas periurbanas, escombreras, jardines abandonados, riberas degradadas, etc.
Debido a su rápido crecimiento y a sus efectos alelopáticos, desplaza a la vegetación natural
preexistente o dificulta su regeneración. Ailanthus altissima es muy difícil de eliminar una vez
que se ha establecido, persistiendo a veces incluso después de la tala, quema o tratamiento
con herbicidas.
Control y gestión
La gestión de Ailanthus altissima puede realizarse mediante la aplicación de métodos de control físicos (manuales o mecánicos), químicos y biológicos.
Los métodos físicos son aquellos que implican la eliminación de los individuos, bien manualmente o bien a través de métodos mecánicos mediante el uso de maquinaria forestal (desbrozadora, motosierra, retroexcavadora, bulldozer, etc.).
Los métodos químicos, que implican el uso de herbicidas, permiten gestionar rápidamente
grandes áreas de invasión. Pero, el uso de productos químicos conlleva innegablemente efectos negativos en el medio ambiente y, por tanto, en el ser humano, si bien los beneficios en el control de especies invasoras justifican su uso.
Los métodos biológicos incluyen el uso de hongos que matan la planta.
Refugio de insectos invasores
Según National Geographic, “las flores de Ailanthus emiten mal olor, no tiene depredadores naturales y sirve de refugio para insectos invasores destructivos, como la mosca linterna con manchas (Lycorma delicatula). El árbol prospera en zonas dañadas por el fuego o alteradas por los humanos, como las autopistas, y cuando echa raíces es casi imposible deshacerse de él. El Ailanthus alcanza 2,5 metros de altura en su primer año, clonándose con brotes radiculares o mediante los cientos de miles de semillas transportadas por el viento que produce un solo árbol. El árbol, que puede vivir un siglo, alcanza alturas de hasta 21 metros”.
