La 9ª edición de IndóMita, Muestra de Cine y Cultura de La Vera, ha acercado al público de la comarca la única actuación programada en España durante 2026 del asturiano Carlos Martínez, una de las figuras más reconocidas del mimo contemporáneo y, paradójicamente, todavía poco conocida en su propio país.
La noche del sábado, el jardín del Centro de Interpretación del Paludismo, en Losar de la Vera, se llenó de público para asistir a la representación de varias piezas de Espejismo, un espectáculo en el que el silencio, el humor y la precisión gestual se convierten en un lenguaje universal capaz de emocionar sin pronunciar una sola palabra.




Algunos momentos de su actuación:
Horas después, el artista inauguró en el Parador de Jarandilla de la Vera Fuera de Plano. Conversaciones sin guion, una nueva propuesta de IndóMita concebida para acercar al público al lado más humano de los creadores, descubrir sus procesos de trabajo y conocer las historias que permanecen ocultas tras cada obra.



Durante cerca de una hora, Carlos Martínez compartió algunas de las claves de un lenguaje escénico que sigue despertando curiosidad y sorprendiendo al público. Una de sus primeras reflexiones fue aclarar una confusión habitual: la diferencia entre el mimo y la lengua de signos.
«La lengua de signos puede expresar una idea en un instante. El mimo necesita construir una historia para que el espectador llegue a esa emoción. No consiste en hacer gestos, sino en contar historias», explicó.
Para Martínez, cada objeto invisible que aparece sobre el escenario debe existir primero en la imaginación del actor y después en la del público. Por eso, acciones aparentemente sencillas, como responder a una llamada de teléfono, requieren una minuciosa construcción dramática. «Trabajamos muchísimo para decir una sola palabra», resumió.
Tres meses para crear tres minutos
Lejos de la improvisación que muchos espectadores imaginan, el mimo explicó el enorme trabajo que hay detrás de cada una de sus piezas.
Crear un número de apenas tres minutos puede exigir alrededor de tres meses de trabajo. Un espectáculo suele reunir unas quince piezas cuidadosamente elaboradas y perfeccionadas durante años. A lo largo de su carrera ha creado diez espectáculos, todos ellos fruto de un proceso creativo marcado por un perfeccionismo constante.
Ese nivel de exigencia responde a una convicción muy clara: la técnica nunca debe convertirse en protagonista.
«No quiero que el público recuerde cómo hice un movimiento. Quiero que recuerde la historia que ha vivido», afirmó.
Otro de los momentos más emotivos del encuentro llegó cuando habló del control emocional que exige el trabajo del actor. Recordó cómo, durante una gira por Alemania en 1994, recibió la noticia del fallecimiento de su madre y, tras asistir al funeral, regresó para continuar representando un espectáculo cómico.
Aquella experiencia le confirmó que el oficio también consiste en sostener la emoción desde la técnica.
«¿Cómo puedo seguir haciendo reír a la gente con todo lo que llevo dentro?», recordó haberse preguntado entonces. La respuesta estaba en años de trabajo: cada gesto, cada pausa y cada movimiento estaban tan cuidadosamente trabajados que el público siguió riendo y emocionándose sin percibir el drama personal que vivía el actor.
Una reflexión que enlazó con otra de las frases que mejor resumen su manera de entender el oficio: «Lo difícil no es hacer mimo; lo difícil es mantener a un público en silencio durante noventa minutos».
Un arte sin fronteras
Carlos Martínez recordó también cómo descubrió que el mimo podía convertirse en un lenguaje verdaderamente universal.
Ocurrió durante unas vacaciones en Holanda, en una reunión de amigos de distintas nacionalidades que conversaban en inglés, un idioma que entonces él todavía no dominaba. Mientras todos contaban chistes, decidió sustituir las palabras por una breve pieza de mimo que provocó la risa de todos los presentes. Entre ellos se encontraba un promotor alemán que, impresionado por aquella actuación improvisada, le ofreció actuar en su país. Aquel episodio marcó el inicio de una carrera internacional que lo ha llevado a recorrer escenarios de más de cuarenta países.
Durante la conversación evocó también a algunos de los artistas que marcaron su formación y su manera de entender el mimo, entre ellos Marcel Marceau, el checo Ladislav Fialka, Dimitri y Samy Molcho. Explicó que el maquillaje blanco que utiliza en algunos de sus espectáculos constituye también un homenaje a esos maestros que contribuyeron a dignificar el arte del mimo y cuya influencia sigue muy presente en su trabajo.
El sueño del Teatro Dimitri
Otra de las historias más personales del encuentro fue la de su deseo de actuar algún día en el Teatro Dimitri, en la localidad suiza de Verscio, fundado por uno de sus grandes referentes artísticos.
Durante años insistió a su representante para que intentara conseguir una actuación en aquel escenario. Hasta que un día ella le dio un consejo que terminaría marcando su forma de entender la profesión.
«Tú actúa en cada teatro como si fuera el Teatro Dimitri», le dijo.
Carlos Martínez decidió entonces concentrarse únicamente en hacer bien su trabajo, independientemente del tamaño del teatro o del número de espectadores.
Años después, el propio Dimitri asistió a una de sus representaciones y, al finalizar la función, lo invitó personalmente a actuar en su teatro. Allí acabaría ofreciendo once representaciones, una experiencia que recordó como la confirmación de que el reconocimiento llega como consecuencia del trabajo bien hecho y no de la obsesión por alcanzar determinados escenarios.
¿Por qué es un desconocido en España?
Preguntado por su escasa presencia en los escenarios españoles, respondió con el humor que caracteriza muchas de sus intervenciones:
«Carlos Martínez debe de haber unos ochocientos mil en España. En el extranjero, en cambio, Carlos Martínez les suena exótico», comentó entre las risas del público.
Más allá de la anécdota, explicó que nunca ha entendido su carrera como una búsqueda permanente de reconocimiento.
«Nosotros llamamos una vez; si interesa, vamos. No aporreamos puertas», resumió.
Esa filosofía de trabajo, unida a la escasa tradición del mimo en los circuitos teatrales españoles, ha hecho que la mayor parte de su trayectoria se haya desarrollado fuera del país. Tras su participación en IndóMita explicó que no tenía previstas nuevas representaciones en España y que su agenda inmediata incluye únicamente unas jornadas de formación dirigidas a payasos en Barcelona.
Un referente internacional
Nacido en Pravia (Asturias) en 1955, Carlos Martínez se formó en Barcelona y desde principios de los años ochenta ha desarrollado una intensa carrera internacional que lo ha llevado a actuar en más de cuarenta países de Europa, América, África y Asia. Considerado uno de los grandes referentes del mimo contemporáneo, ha compaginado los escenarios con una destacada labor docente impartiendo cursos y seminarios para actores, comunicadores y profesionales de las artes escénicas.
Entre los reconocimientos más importantes de su trayectoria figuran el Premio Especial de la World Mime Organisation, la Medalla de Oro del Foro Europeo Cum Laude y el Premio del Público del Festival Internacional de Teatro de Almada (Portugal), distinciones que avalan una carrera desarrollada principalmente en el ámbito internacional.
Con el estreno de Fuera de Plano. Conversaciones sin guion, IndóMita incorpora a su programación un nuevo espacio para descubrir la trayectoria, el pensamiento y los procesos creativos de grandes artistas. La conversación con Carlos Martínez inauguró un formato que nace con vocación de convertirse en una de las señas de identidad de la IX Muestra de Cine y Cultura de La Vera, reforzando la apuesta del festival por el diálogo directo entre creadores y público.
Algunos instantes del encuentro en Jarandilla:
