El Parador de Jarandilla de la Vera anunció el pasado mes de octubre que volvía a abrir sus puertas tras casi diez meses cerrado por una profunda reforma que ha supuesto una inversión total de seis millones de euros. Aparte de la modernización estética y la mejora energética, las obras han supuesto la eliminación de barreras y la mejora de la accesibilidad, marcando un paso adelante en el turismo inclusivo en Extremadura. La reapertura llegó tras una inversión de dos millones de euros por parte de Paradores y más de cuatro millones aportados por Turespaña mediante fondos europeos Next Generation. El objetivo es demostrar que el patrimonio histórico puede ser disfrutado por todos, sin excepciones, y que la accesibilidad no es incompatible con la conservación cultural.
Los avances más relevantes en materia de accesibilidad se encuentran en la conocida como “zona noble” del Parador. En este espacio se están habilitando 14 habitaciones más amplias. Los baños han sido completamente reacondicionados, sustituyendo las bañeras por platos de ducha accesibles, una medida esencial para garantizar la seguridad y autonomía de las personas con discapacidad física o movilidad reducida.
También se han adaptado espacios interiores como la cocina y la lavandería, incorporando nuevas soluciones de climatización y ergonomía que mejoran el entorno laboral.
Otras actuaciones destacadas son la restauración integral del Patio de Armas, la rehabilitación de la torre noroeste —ahora accesible al público con medidas de seguridad— y la recuperación del acceso histórico mediante la rehabilitación del foso original. Estas intervenciones permiten recorridos más seguros y comprensibles, fundamentales para personas con discapacidad física o sensorial.
La nueva iluminación monumental y la mejora de los caminos peatonales en jardines y accesos refuerzan la orientación y la seguridad, aspectos clave para personas con baja visión. El proyecto incluye además un Plan Director de Conservación que permitirá seguir avanzando en la adaptación progresiva del edificio a criterios de accesibilidad universal.
Las obras han apostado también por la eficiencia energética, con la renovación completa de la sala de calderas y la eliminación del gasóleo como fuente de energía. Esto reduce el consumo energético en climatización casi un 50%, disminuyendo la huella de carbono del edificio.
Con esta reforma, el Parador de Jarandilla se posiciona como un ejemplo de cómo el patrimonio histórico puede transformarse en un espacio accesible, digno y abierto a todas las personas, avanzando hacia un modelo turístico verdaderamente inclusivo.

